Senderisme

Jordi Tosas, alpinista:”Más del 50% de la gente que va a un ochomil no está preparada”

Entrevista publicada a La Vanguardia, el dia 30/10/2011:

El burgalés José Luis Quintana, de 64 años, se recupera en una clínica de Zaragoza de los daños sufridos hace casi un mes en el Cho Oyu, entre Tíbet y Nepal, donde permaneció cuatro días a más de 7.000 metros de altura.

Jordi Tosas (Blanes, 1968) y otros alpinistas que a principios de mes coincidieron en este pico de 8.201 metros acudieron en su ayuda y le salvaron la vida. Otros pasaron de largo. Tosas reflexiona en Benasque, donde dirige el Grupo de Tecnificación de Alpinismo de Aragón y a la vez investiga sobre la gestión del riesgo en alta montaña, de la evolución del mundo del alpinismo.

¿Cómo se encuentra José Luis?
Delicado, llegó con daños en los riñones y el hígado, con úlcera de estómago, y con congelaciones en el pie izquierdo.

¿Qué aprendió de este rescate?
Me queda un sentimiento de frustración, porque los valores que me enseñaron de pequeño se caen. Entiendo que cuando estás allá arriba tienes que velar por tu vida, pero… Había 100 personas que bajaban y sólo dos pararon a ayudarlo. No quiero culpar a nadie, pero me crea repulsión el ambiente que se genera en estos lugares, es necesario hacer una reflexión; hay muchos alpinistas que han dejado de hacer cima para salvar a otros. Jordi Corominas me rescató a mí en un sietemil del valle de Langtang (Nepal). Estábamos solos y se jugó la vida por mí, eso me marcó. Ahora ves un egoísmo extremo.

¿Somos más insolidarios?
La montaña es un espejo de la sociedad: competitiva, egoísta, todo vale… En el Cho Oyu han muerto dos personas: un pequeño alud enterró dos tiendas en el campo uno y un inglés murió sepultado. Nadie fue a buscarlo. Y un checo que estaba subiendo tuvo un problema con el jumar y se quedó colgado en el serac, a 6.900 metros, sin fuerzas para enderezarse. Nadie lo ayudó, y estoy seguro de que pasó gente a su lado. Permaneció dos días muerto colgado en el serac. Enviamos un sherpa para que lo bajara y lo enterramos.

¿Qué papel desempeña en todo esto la popularización de los ochomiles?
Más del 50% de la gente que va a un ochomil no está preparada y la mayoría de los que van solos deberían ir con sherpa o guía. Pero como saben que hay grandes expediciones comerciales que equipan la montaña, aprovechan su infraestructura para subir ellos.

¿No pagan y eso no gusta a estas expediciones?
Si ven a alguien en apuros no están dispuestos a bajarlo a cualquier precio, lo hacen si no hay riesgo. ¿Les falta razón? No. ¿Es ético? Creo que no. Parece que sólo existen los ochomiles y la gente de poco nivel cree que entrenando un poco puede llegar a la cima.

¿Qué opina del debate sobre utilizar oxígeno embotellado?
La montaña es un espacio de libertad absoluta. Hay gente que mejor que vaya con oxígeno, pero lo debe decir. Usar oxígeno embotellado es como estar 1.500 metros por debajo de donde estás, es jugar en otra división.

A su juicio se están banalizando los ochomiles. ¿Cuáles son sus retos alpinísticos?
Estoy obsesionado en encontrar cimas en lugares remotos. En el sudeste del Tíbet hay montañas por descubrir, como el Namcha Barwa (7.782 metros), en Pemako, una zona con más biodiversidad que la Amazonia, con una cultura antiquísima, pero donde es muy difícil obtener permisos para escalar; también en el Tíbet central hay muchos sietemiles por descubrir.

¿Siempre en estilo alpino?
Entiendo el alpinismo como una actividad con una componente importante de investigación y, sobre todo, de ligereza. Sí, en estilo alpino, es decir, con autosuficiencia, sin cuerda fija, sin dejar campamentos montados, sin oxígeno, en grupos muy pequeños…

Se habla de 14 ochomiles. ¿Cuántos sietemiles hay en el Himalaya?
Centenares, quizás mil. Lo de 14 ochomiles tampoco es correcto, es una convención que asumió Reinhold Messner, pero con todas las puntas hay más de 20. En el mundo anglosajón, lo de los 14 ochomiles les suena a marciano.

¿Qué destaca de su trayectoria?
Tengo recuerdos de ascensiones muy intensas a 6.000 y 7.000 metros: una nueva vía solo en el Jannu (7.710 metros), en el Kangchenjunga; un intento en solitario en la cara sur del Lothse; otras vías en sietemiles de Nepal; en Perú con Corominas… He llegado a la cima del Cho Oyu tres veces y he estado 20 veces por encima de los 8.000 metros pero sin llegar a la cumbre. Quizás lo que he hecho es innovar con disciplinas como el snowboard.

¿Y formar parte de la expedición que, de la mano de Corominas, coronó la Magic Line del K2 (8.611 m)?
Aunque difícil, sabíamos que no dejábamos de hacer un alpinismo clásico; hay ascensiones a 6.000 metros que adquieren un cariz de compromiso y dificultad superior a la Magic Line. Era el sueño que perseguíamos todos, pero éramos conscientes de que lo teníamos que hacer en estilo pesado, quizás en unos años la veremos en estilo alpino. Ahora estamos al final de una etapa, pero durante este siglo el alpinismo cambiará, veremos ascensiones diferentes.

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